11 Enero 1920 - 31 Mayo 2008





viernes, 8 de enero de 2010

EL CAMINO DE ADOQUINES -capítulo 32-



No recuerdo por qué cosa un día tuvimos un intercambio de palabras. Durante más de un mes no nos vimos ni hablamos por teléfono.
Reconozco que no soy un tipo fácil. Tengo tan buen sentido del humor como dificultad para la reconciliación.
Nelly en cambio, sabía reconocer muy rápido sus errores y era muy buena en el campo diplomático. Ella llamó primero.
Recuerdo que me dijo “Esta es nuestra primera pelea, vamos a ver como nos va cuando haya otra”. Le contesté que conociéndome como me conozco luego de otra diferencia lo más probable es que no hubiese reconciliación.
De eso pasaron muchos años, calculo que unos diez.
Nosotros nos encontrábamos porque disfrutábamos, no por ningún interés, de manera tal que los roces ya no harían placentera la amistad.
Nos unía la posibilidad de jugar a las visitas, charlar de cosas del “ambiente” como ella le decía, disfrazarnos, hacer reportajes truchos, auto medicarnos, tirarnos las cartas, hablar horas por teléfono e intercambiarnos consejos entre otras cosas. Pese a la diferencia de edad la Láinez me escuchaba y yo la escuchaba a ella como si fuese una tía, una hermana mayor, una madre. Aconsejaba con prudencia y nunca apagaba el fuego con nafta. Tal vez si no hubiese sido actriz, creo que la psicología era un campo propicio para su talento e intuición. Ella sin embargo no creía en la terapia solo en “la terapia de grupo” que era lo que nosotros practicábamos, es decir que la terapia de mentirita la aceptaba gustosa.
De ella me exasperaban sus miedos, sus miedos excesivos, muchas veces infundados y su falta de emprendimiento en proyectos individuales. Era de las actrices que trabajaban si la llamaban, no sabía generar alternativas. Por eso tantos períodos de tristeza y depresión.
Me fascinaba su risa contagiosa, su rapidez mental, su ingenio. La facilidad para inventar historias y situaciones. Su extraordinario talento para improvisar y salir airosa de cualquier situación.
Nelly Láinez era una mujer llena de magnetismo, carismática y de conversación amena. El día que uno la conocía tenía la sensación del dejavú: esta historia ya la viví. Las horas pasaban volando y pese a ello nunca quería que me fuera “Quedate un rato mas, qué tenés que hacer, te hago un tecito que tengo que contarte algo mas”.
Posiblemente sea cierto eso de que los opuestos en el horóscopo se llevan bien, ella capricorniana yo canceriano.
Ella todo verano, yo invierno. Ella conciliadora yo una mula.
Ambos divertidos.
Pero llegó el día en que tuvimos otra diferencia.
Después de un año me llamó para decirme que hacía un mes había fallecido su esposo . Quería que la vaya a ver, que no hablaríamos de cosas tristes ni de lo que había pasado. Pero como me conozco bien, cuando bajo la persiana a una relación, a un trabajo, a lo que fuere pongo candado y tiro la llave.
Entonces le contesté que lamentablemente no iba a ir a verla y que era mejor recordar todo lo bueno que pasamos juntos.
En realidad pensé que si nos encontrábamos tenía que tener una charla sobre la situación que nos distanció tanto tiempo. Pero Nelly era una persona muy mayor y había enviudado, así que no tenía sentido agregar otra pena.
Años después me enteré por un programa de televisión que estaba en un geriátrico a cinco cuadras de casa.
Creí que era el momento de acercarme, pero en el lugar me dijeron que no era horario de visitas. Mas adelante llamé por teléfono y no pudieron comunicarme. Finalmente por cobardía, prudencia, miedo a ser rechazado o todo eso junto, no insistí.
Curiosamente hacía cinco años que estaba escribiendo las historias que finalmente se transformaron en este blog. Son lo que llamé "relatos intervenidos", absolutamente ciertos pero con una lupa en situaciones que normalmente hubiesen pasado inadvertidas. A veces transformados en un diario que nunca escribió, otras en diálogos que tuvimos durante años y en algunos capítulos en reflexiones sobre nuestra amistad, nuestro alejamiento y lo que el tamiz del tiempo me dejó de Nelly Láinez.
En todos los casos fue escrito con admiración, afecto y respeto. Muchas veces pensé que si esas historias permanecían durante tantos años indelebles en mi memoria debía de ser por algo, hasta que descubí que tenía que compartirlas. Entendí que la internet -a la que accedí hace muy poco - me brindaba una oportunidad fenomenal: dejar testimonio de un personaje único. Por lo demás aprendí que uno puede dejar de ver a alguien, pero si el tiempo compartido fue auténtico, verdadero y lleno de afecto quedará para siempre.
La vida es como un camino de adoquines y cada adoquín una historia, pero a la larga, cuando uno mira por el espejo retrovisor, alcanza a ver adoquines opacos y otros que brillan como luciérnagas. De los opacos deberíamos haber tomado enseñanza, pero de los que brillan son de los que nos aferramos con alegría y emoción, para seguir lustrando los que aún quedan por vivir. [[Nelly Láinez]] es en mi camino un piedra que cada día deslumbra mas.
Murió el 31 de mayo de 2008, pero me enteré dos días después.
Esa noche escribí el último capítulo.