11 Enero 1920 - 31 Mayo 2008





domingo, 11 de octubre de 2009

EL CLUB DEL TRUEQUE -capítulo 12-




-Contame lo del tranvía.
-¿De que tranvía me hablas?
-De la anécdota de los autógrafos.
Ah, ésa es muy graciosa. Los domingos ganaba cuatro pesos con un personaje en una audición del mediodía.
Como no tenía mucha plata tomaba el tranvía por cinco centavos, y me bajaba una parada antes de puro orgullosa nomás.
Un día que viajaba sola, el mótorman que ya me tenía junada me dijo: "¿Va para radio El Mundo, señorita?". Si, le conteste. Entonces el tipo me hizo una guiñada cómplice y agregó:
-Ya que siempre es tan simpática, hoy hago una parada intermedia porque no viaja nadie, y la dejo en la misma puerta de Maipú 555.
-No, no, déle deje, me bajo donde siempre - protestaba yo-.
-Faltaba mas señorita, usted se baja donde corresponde.
Y no tuve más remedio que bajarme en la puerta de la radio con tan mala pata que estaba lleno de pibes. Y se me vinieron al humo en patota:
-A mi, a mi fírmeme a mi. No, no, a el no, a mi primero - estaban como locos-.
Imaginate, yo nunca firmaba autógrafos porque en ese entonces trabajar en la radio era bastante anónimo y solo unos cuantos salían en las fotos de las revistas. ¡Yo no salia nunca!. De repente tanta popularidad, no lo podía creer. Así que deje el papel de laburanta y me puse en estrella , que embromar:
-¡Bueno basta! ¡que es esto de andar empujando, caramba! vamos por orden, a ver vos primero.
Y el pibe me dio como diez papelitos para firmar.
-No, no, uno a cada uno que no tengo todo el día.
-Déle, doña, sea buena, fírmenos diez a cada uno.
-Bueno, esta bien -yo estaba chocha, -al final iba a gastar la lapicera en algo que no fuese sacar cuentas de la casa-.
-¿Y a nombre de quien tesoro?.
-¡No, a nombre de nadie!, porque dijo Roberto Escalada, que si le llevamos diez autógrafos de gente que no conoce nadie,el nos da uno.


(foto film EL BULIN -escena con Nathán Pinzón)

COMENZAR DICIENDO ADIOS -capítulo11-




-¡No, nene, ya lo conté como veinte veces eso!
-Si, pero me gusta escucharlo.
-Bueno lo mio empezó con una explosión, así como te digo.
Mi papá era polaco y había emigrado a los Estados Unidos donde se casó y tuvo dos hijos. Un día -no se sabe como- explotó el calentador y murió la esposa.
Al poco tiempo se vino a la Argentina y le fue muy bien, en una palabra se hizo rico. Mi madre veinte años menor que él, era profesora de piano y estaba enamorada de un socialista que pasaba siempre en tranvía.
La cuestión que mis abuelos insistieron en que Raquel se olvidara del amor platónico y se casara con el polaco Jacobo aunque no lo quisiera. Dicho fríamente le hicieron cambiar el platónico por la plata. Igual que su habilidad para hacer fortuna, mi papá tuvo la facilidad de perderla.
Cuando quedamos en la ruina, y pese a mis doce años, me ví en la obligación de traer unos pesos a casa. Fue en el año 1932 y yo venia estudiando piano, declamación y zapateo americano que se usaba en esa época. Papá tenía un comisario amigo que se llamaba Cortéz Conde y en radio Porteña representaban los casos policiales de la época, como un radioteatro.
Mamá habló con este señor y le insistió tanto que por compromiso nos hizo ir un día con mi hermana para una prueba.
Nosotras estábamos como agrandadas, imaginate ser artistas era la fantasía de los chicos. Entramos a la radio como si ya fuesemos unas estrellas y no saludamos a nadie, además le habíamos dicho a los vecinos que pusieran la radio porque "ibamos a protagonizar en la broadcasting". El director del programa estaba bastante fastidiada con nosotras porque encima que ibamos recomendadas nos creíamos ya las dueñas de la radio (bueno como todas las recomendadas). Entoces el tipo nos quería rajar lo mas pronto posible, nos dijo que cuando él nos hiciera una señal dijéramos en el micrófono las dos juntas: "Adiós, adiós, el barco se va".
La cuestión es que presentaron el capitulo,que iba en vivo y nosotras en vez de decirlo una sola vez, empezamos como locas a decir "adiós, adiós, adiós, adiós" porque por nada del mundo nos queríamos quedar sin letra. Finalmente cuando nos alejaron del micrófono a pellizcones limpios fuimos a hablar con el director con unos humos que para que te cuento:
-¿Señor, donde hay que firmar el contrato?
-¿Que contrato, nena?. Ustedes vinieron acomodadas y hoy tuvieron un bocadillo porque nos obligó el comisario. Esta es la historia de un naufragio, saludaron, el barco se fue, ustedes se hundieron con el barco y si te he visto no me acuerdo.
Para que te voy a contar que volvimos en un mar de lágrimas, éramos las únicas recomendadas que sacaban a patadas. Pero mama que era más que insistente, le rompió tanto la paciencia a Cortéz Conde, que me llamó para hacer una gallega, porque siempre las imité muy bien.
Lo mío fue una carrera muy larga, en la que nunca llego donde quiero porque cada día me corren el poste un poco mas lejos. Y ahí empezó todo, en Ronda Policial, se podría decir que a los empujones.
Después me fui a trabajar con Olga Casares Pearson y Angel Wlak. Decían que la Pearson eran la mejor llorona de la época, pero la considero una gran maestra. Lo mío es de oficio, no de Conservatorio y con ellos aprendí a ser dramática y a llorar.Lo que no sabía era reir, ni actuando ni en ningun lado.
Un día me tocó el papel de una loca asesina que se reía todo el tiempo, pero no me salía porque yo me rio para adentro. Hicieron de todo para tentarme pero no había caso, hasta me mandaron a ver películas cómicas . Al final no tuvieron mas remedio que llamar a otra actriz para que hiciera la risa: Cuando en el guión decía "se rie a carcajadas" levantaba el brazo y se reía la otra, se reía como loca y a mi no se me movía un pelo.
- Pero Nelly, vos sos de reirte.
- Ah, bueno eso es puro oficio. A veces me río de compromiso. Pero mirá lo que mas me causa gracia es la realidad, las cosas que le pasan a la gente. No me digas cuentos porque ahí fracasas.
- Entonces vos empezaste como dramática y seguiste como cómica.
- No te creas también hice de actríz erótica. Narciso Ibánez Menta tenía un programa donde recreaba películas, dirigido por don Armándo Diescépolo. Tenía que hacer una escena apasionada -estamos hablando de una época más pacata- entonces le mandé gemidos, jadeos, contorsiones, de todo. Salió el director y le pregunté "¿Estuve bien, don Armando?". "Bárbaro- me contestó- seguí así que vamos en cana y nos cierran la radio para toda la vida".