11 Enero 1920 - 31 Mayo 2008





domingo, 20 de septiembre de 2009

UN MUNDO DE DOS AMBIENTES -capítulo 7-




Santiago del Estero y Cochabamba es la esquina que frecuenté por muchos años. En un tercer piso de un edificio, sin demasiadas pretensiones, y detrás de una puerta blindada, llena de trabas, ganchos y cerraduras, estaban los dos ambientes del Láinez Home.
Se ingresaba directamente al comedor, una mesa redonda con mantel generalmente de plástico y cuatro sillas. detrás y a la derecha un enorme modular lleno de remedios, el televisor y un radio grabador gigantesco. A continuación una puerta plegable daba a un pequeño distribuidor que separaba el baño del dormitorio.
Pegado al comedor un sillón de cuerina bordó de tres cuerpos y una silla hamaca de espaldas al balcón. Enfrente un hogar hecho con piedras que funcionaba a gas.
El balcón no tenia plantas pero si un enorme mueble que servía de baulera y unas lonas para correr durante las fiestas "para que los cuetes no entren a la casa".
-¿Y por qué no tenés plantas?
-Porque hay que regarlas, y dicen que hay que hablarles y yo que les voy a ir a hablar, si a veces estoy tan estresada que no me salen las palabras. ¡No las voy a traer para asesinarlas!
La cocina alargada y angosta, siempre llena de vapor. Permanentemente estaba hirviendo el agua de la pava y ella se cargaba diciendo que parecía una casa de partos. Por lejos la estrella de la cocina era la Marmicoc, todo lo cocinaba a presión. El descontrol de cosas era impactante, usaba todos pero absolutamente e todos los utensilios, todas las fuentes, todos los vasos, todos los platos. Sin embargo el elemento más preciado era la sopapa, porque por el desagüe caían las cosas que después no encontraba: pela papas, abrelatas, cucharitas, y hasta algún llavero.
Si pretendemos ubicarnos en un hogar con características clásicas, empezamos mal.
El departamento de Nelly parecía a veces decorado por Almodóvar y otras por un huracán.
Poner las cosas en su lugar era un verdadero desafío, y eso sucedía solo justo antes de que las visitas tocaran el timbre, después, todo volvía a la normalidad.
Los domingos tenia que ir a almorzar a cambio de la tarta de frutillas y pastelera.
Como buena figura, quería figurar en todas las conversaciones hasta que un día me dijo "che por que no le hablas un poco a mi marido para que no se sienta un extra, anda y chárlale alguna cosita, viste"
La verdad que Hugo siempre estaba opacado por la hiperquinesis de ella. Me fui al living y empezamos a hablar de bueyes pedidos con el pobre de Storni.
A los cinco minutos asomó su cabeza con turbante desde la cocina y se quejó:"¡Ché al final ustedes hablan de todo y yo no me entero de nada!".
Vivían obsesionados con la salud, y creo que la ambulancia iba antes de que la llamaran. Preocupados por la hipertensión se habían comprado un aparatito para medirla y empezaron a practicar con mi brazo hasta que casi me lo hacen estallar. Debo aclarar que la presión se la tomaban luego de comer como beduinos.
Lo más divertido venia después del café: jugar a los reportajes
Sacábamos las migas de la mesa y poníamos el grabador, yo preguntaba y ella respondía como si fuesen varios personajes. Durante horas nos divertíamos escuchando las boludeces que grabábamos, mientras el marido dormía la siesta en el sofá.
Después nos disfrazábamos con capas, bastones, antifaces y pelucas. poníamos música y bailábamos frente al espejo del pasillo hasta caer en la alfombra, muertos de la risa.
A la noche le tocaba el turno al órgano, un Yamaha que me daba mucha risa porque tenia los mismos compases para acompañar, ya fuese un tango, un bolero, un vals, siempre era chin-chín chin-chín. Pero no solo tocaba, también cantaba, porque estaba estudiando con el maestro Gilardoni. La Láinez no tenía empacho en destrozar el ritmo que fuese: desde el famoso Para Elisa, hasta La Farolera .Hay que recordar en honor a la verdad que sus gustos musicales eran eclécticos y su oído tan malo para cualquiera. Sentada cual concertista primero elegía el ritmo del acompañamiento del órgano - no vaya a ser que encima un vals salga con ritmo de cha-cha-caca -despues tomaba un traguito de té negro para calentar la gola y finalmente se deslucía en un amplio repertorio. Entonces ella me retaba "No seas así nene, no te rías, que el maestro dice que si bien desafino... desentono bastante bien".


(foto film CANUTO CAÑETE - con Carlos Balá )